Acaparamiento: Un abuso de poder

Acaparamiento: Un abuso de poder

Cada vez destaca de forma más notable el proceso de compra de tierras (proceso denominado por sus características como acaparamiento) que se efectúa en varios países de África, América y Asia. El hecho de que sea ahora cuando se está dando un mayor relieve no hace del proceso algo novedoso puesto que se viene desarrollando desde hace tiempo.

La actual importancia asignada al tema viene por el elevado número de hectáreas que están pasando a nuevos compradores extranjeros (inversionistas privados, gobiernos, empresas públicas o fondos de inversión). Según datos del informe “El acaparamiento global de tierras: Guía básica”, publicado recientemente por el Transnational Institute (TNI) y traducido al español por FUHEM Ecosocial, se estima que al menos 50 millones de hectáreas han sido vendidas a nivel mundial. Aunque otras fuentes, como Intermón Oxfam, hablan de 227 millones de hectáreas.

En la compra de tierras –entendida más bien como la adquisición o cesión temporal de grandes extensiones de terreno para un fin concreto- los intereses difieren según el comprador. Los Estados, fondos soberanos y empresas públicas buscan garantizar su propia seguridad alimentaria para lo que producen en grandes explotaciones productos que más tarde exportarán a sus propios países (entre los que destacan, por ejemplo, China o Emiratos Árabes Unidos). Por otro lado, las empresas privadas tienen como principal objetivo la obtención de beneficios. (tanto de la producción de alimentos como de biocombustibles). Por su parte, los fondos de inversión invierten en la adquisición de tierras por motivos meramente especulativos.

Esta práctica que en un principio se planteó como un nuevo modelo para el fomento de la Inversión Extranjera Directa y, por consiguiente, un mecanismo para promover el desarrollo, se está convirtiendo en una nueva forma de abuso de poder que provoca perjuicios importantes para los países receptores y sus poblaciones. Es por ello que, considerado como un movimiento en auge, la compra de tierras ha suscitado un enfrentamiento entre los que opinan que es favorable y los que, por el contrario, solo ven aspectos negativos.

Llama la atención en este proceso que es un movimiento que escapa a la tradicional inversión Norte-Sur. Un informe reciente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) señaló que un 40% de todas las transacciones en el área de producción agrícola durante el año 2011 fueron Sur-Sur, esto es inversiones de países en desarrollo a otros países en desarrollo.

La compra de tierras (bien realizada) puede crear muchas oportunidades: salidas comerciales, puestos de empleo, inversiones en infraestructuras, incremento de la productividad agrícola; pero también puede acarrear daños, especialmente en dos sentidos: si no se siguen modelos de producción aptos para el medio ambiente y el bienestar de las tierras y si se excluye a la población local de la toma de decisiones sobre la adjudicación de las mismas y no se protege su derecho sobre ellas.

Virginia Cañadas

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